OJO DE LINCE-

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La Virgencita preñada.

M.A.Perdomolince.

Estoy escribiendo en el acogedor zaguán-corredor de la Posada Campesina de San Agustín, circundada por cerca de guadua y patio empradizado, vía al emblemático Estrecho del Magdalena.

Son las seis de una mañana deliciosa soportablemente fría,entre flores de muy variados colores, rústicas materas de barro consentidas por los cuidados amorosos de Celina y su marido Jaime,  quien diariamente ordeña bajo los naranjos la vaca blanqui-negra que provee la espumosa leche del desayuno para los visitantes que anoche disfrutamos una deliciosa confortable cama tibia.

Conforman mi escenario abullonados sillones, paredes blancas y ocres, tejado de barro, piso  de cemento abrillantado merced al permanente refregar del trapero humedecido en fragancias complementarias del aroma que desde la cocina anuncia el hervor del café y la sazón del desayuno  para los huéspedes.Solamente el gorjeo sinfónico de los pájaros, el mugido de la vaca, el cloquear del gallinero y algún esporádico ladrido de Sarita, nuestra compañera de viaje,rompen el sereno silencio del nublado amanecer que comienza a abrirle campo al sol que se insinúa tras las lomas protectoras del pueblo cuyas calles y parques visitamos anoche.

San Agustín es un pesebre, cuyos establecimientos comerciales han cambiado sus nombres por graciosos avisos publicitarios como: Bar de Belén-Hotel La sagrada familia- Discoteca Las pastorcitas- Café internet Belén.com-  Heladería Dulce Jesús mío, y así por el estilo.

Casas guarnecidas con portales de arquitectura palestina; soldados romanos con armaduras, escudos y lanzas; mercaderes y vendedoras cuidadosamente ataviados con mantas, turbantes, cabelleras, barbas y aderezos orientales;camellos, ovejas y burros reales o manufacturados por los pueblerinos, nos hacen partícipes de un mercado bíblico palestino o isralí.

Frente a la iglesia principal, un gigantesco trineo luminoso cargado de regalos, tirado por cornudos renos dirigidos por un Papá Noel sonriente, regordete y mofletudo que si no fuera por su descomunal tamaño pasaría por real, preside el baile de hábiles nacionales y descoordinados extranjeros alborotados por los merengues, vallenatos, joropos y carrangas dela orquesta ubicada en el atrio parroquial. Entusiasmados locutores locales animan el festejo.

Y dentro del inmenso pesebre que es el pueblo, está el pesebre interactivo de personajes bíblicos alumbrados por colores cambiantes entre pinos, palmeras, ovejas, pastores y nieve mientras oleadas de creyentes y curiosos hacen selfies y videos entre flashes de cámaras y celulares que avivan el centelleo de las estrellas colgadas de los techos.

Durante toda una vida conociendo personalmente o entre los libros, países, culturas e historias, he sabido de variado tipo de religiones con vírgenes vírgenes, otras con un solo vástago y otras más prolíficas como algunas de nuestras madres o abuelas cuyo estado natural era el estricto cumplimiento de la implacable orden bíblica “Creced y multiplicaos”.

Pero la que se roba la clientela del pesebre agustiniano es una virgencita de tierna barriguita a punto de estallar, afortunadamente sin afiliación al Plan Obligatorio de Salud del gobierno, pues su parto navideño quedaría programado para finales de marzo del año entrante, debido a que la EPS canceló el convenio porque se robaron la plata.

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