Deshojando Margaritas – Rodrigo Lara Bonilla

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Por Margarita Suárez Trujillo

Al cumplirse 35 años del asesinato del exministro huilense Rodrigo Lara Bonilla, vienen a mi mente muchos recuerdos de este gran personaje que ofrendó su vida por librarnos del flagelo del narcotráfico. El país andaba muy mal. De no ser por Rodrigo Lara Bonilla (siempre es mejor poner los dos apellidos), Pablo Escobar y sus secuaces estarían todavía envenenando a nuestra juventud y matando a todo el que se les atravesara. Y a lo mejor estarían gobernando el país. Recién fue asesinado nuestro gran líder, me di a la tarea de recopilar información sobre quien fuera el ministro estrella de Belisario Betancur. A través de las investigaciones pude entender la angustia que vivió días previos a su asesinato. Rodrigo conocía perfectamente el poder criminal de Pablo Escobar y temía lo peor, como en efecto ocurrió. En esta columna quiero enfatizar en su parte humana, ya que como persona Rodrigo Lara Bonilla fue un ser excepcional, amigo de sus amigos, líder nato, de inteligencia privilegiada. Según me contó en una entrevista su gran amigo Félix Trujillo Trujillo, Lara empezó su vida política a los 17 años. En esa época se vislumbraba su personalidad y su futuro prometedor. Perteneciente a una familia apreciada en Neiva, fue un hijo ejemplar, especial con su adorada madre Raquelita y excelente hermano. A esa edad ya era muy vivaz y despierto. Utilizaba tono de voz de persona mayor y tenía facilidad de llegarle a la gente. Cuando estudió Derecho en el Externado, se hizo popular en la universidad, donde fue presidente del Consejo Estudiantil. Mostró sus dotes de líder y destapó su esencia de orador, con extraordinaria memoria. Tenía facilidad para los idiomas, hablaba inglés y francés. Le encantaba imitar gestos y dichos de la gente, y según esas características ponía apodos que terminaban reemplazando el nombre. Cuando viajó a París a estudiar, escribía cartas de su puño y letra a los dirigentes y líderes. Siempre estuvo atento a solidarizarse en los momentos difíciles que tuvieran sus amigos, a quienes quería de verdad. Su esposa Nancy Restrepo Acevedo y sus hijos disfrutaron un hombre que iluminaba el lugar donde se encontrara. Si a Rodrigo no lo asesinan, no cabe duda hubiera sido presidente de Colombia.

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